miércoles, 31 de agosto de 2016

Miedo al futuro, la cara difícil la maternidad.

Si mañana te asegurasen que tu hij@ va a crecer san@, fuerte y que comerá de manera saludable toda su vida, ¿te preocuparías hoy igual por que odia la verdura o el pescado?

Si alguien firmara en un papel que tu hij@ va a tener una carrera espectacular y exitosa, pase lo que pase,  ¿te preocuparían lo mismo sus notas o cuánto tarda en aprender a leer o escribir?

Si supieras a ciencia cierta que tu hij@ va a ser un/a adult@ educad@, responsable, coherente, decidid@, feliz... ¿Te seguiría preocupando tanto que sea más timid@, si hace caso, es respondón/a o si presta sus juguetes?

Seguramente no, porque lo que hace difícil criar y educar hijos, es el miedo al futuro.

Ese miedo que nace del amor más profundo y absoluto a que la vida les traiga sinsabores.

Ese querer nuestro es el que hace, que en un acto un tanto  desesperado de mantener el control, intentemos mantener todo atado y que no se nos escape ni un detalle que pueda hacer sufrir a nuestros retoños, ni ahora, ni nunca.

Pero quizás deberíamos intentar relajarnos un poco, levantar el pie del acelerador de vez en cuando, por que no podemos controlar la vida y por qué además, nuestros hijos e hijas, se merecen que confiemos  en ellos, en los adultos en los que se convertirán en unos años, tan capaces o más de lo que ahora imaginamos.

A fin de cuentas somos sus madres/padres y tan mal no nos ha ido, ¿no?

Ellos van a aprender de nuestros actos, a repetir lo que les gusta de nosotros, otras veces a no cometer nuestros errores e incluso si los repiten, sabrán cómo solucionarlos porque nos habrán visto tomar decisiones.

Y sobre todo, por que como sus padres que somos, estaremos ahí, a su lado, siempre, para apoyarles en  lo que sea necesario.

Así que, procurare remitirme a mis propias palabras la siguiente vez que me encuentre hiperventilando ante un examen suspenso o un plato de pescado que se ha quedado helado mientras su receptor lo mira con la nariz arrugada y me daré un respiro y de paso, se lo daré a ellos también